Puerta de acceso al Cuarto de las Angustias (cuarto de las andas) Pedro Alvarez escribe en el Correo de Zamora, allá por los años 40, un artículo, al que titula Evocación Pueril del tiempo de la Semana Santa. Un relato de sus recuerdos de niñez sobre la iglesia de Villalba en la Semana Santa

Es, como toda su obra, un escrito rico en vocabulario, algunas de cuyas palabras hemos ido olvidando, y muchas de ellas los más jóvenes desconocen totalmente, pero aún así, se entiende perfectamente, lo que para un niño era la vivencia en casa de su tío, el cura.

Describe con perfección la visión de una mesa grande, con hule, de los de antes, que describían pasajes bíblicos, arañado por los gatos y desgastado por todos los que concurrían, a lo largo del año, a resolver asuntos de interés religioso, cosa imprescindible en aquella época. Arcangel San Miguel con un diablo. Villalba

Trasmite, con toda claridad, como veía, con temor, un niño la iglesia, y el lugar de castigo (cuarto de las andas), que coincide con el cuarto que actualmente aún guarda a Nuestra Madre de las Angustias y que en aquellos días almacenaba también imágenes deterioradas de otros santos (el arcangel San Miguel y demonios).

Es de destacar, finalmente, la maestría con que describe las sensaciones de los aromas que desprendían las personas, especialmente su tío.

Y toda esta descripción coincide, en el tiempo y en las particularidades con un día de inicio de la Semana Santa, que ya no se celebra, pero que rodeaba de sensaciones especiales a los más pequeños, el miércoles de tinieblas.

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