José Fradejas. Cat. Lengua y Literatura UNEDEl día 16 de febrero de 2007 José Fradejas inicia en la Opinión de Zamora una serie de artículos de opinión en el que reduerda a nuestro querido escritor D. Pedro Alvarez y agradece el esfuerzo de la doctora Anabel Almendral, que estudió su obra y utilizando una beca del IEZ Florian de Ocampo la recopila y hace posible su publicación.

Su artículo dice así:


Se dice (I)

 Jose Fradejas

Se rumorea, que por fin, Zamora va a publicar las obras de Pedro Alvarez y que el I. E. Z. 'Florián de Ocampo" va a editar "Los Chachos".

La verdad es que me siento feliz. Ahí es nada. Editar en libro la única obra que solamente se publicó en las columnas de "El Español" en los años cuarenta. ¡Qué de palabras perdidas!

Veamos ahora una frase del Recuerdo (capítulo) XIII:

-¡Como serán este año los moñacos que pongan en los carros! Tenía grandes deseos de verlos en la era de su padre; y oír los esquilones de los bueyes para ir después, con los hijos de los criados a sacarle las tripas de bálago a los muñecos.

Pocos entenderán esto, aunque forman parte de la entraña tradicional de nuestras aldeas. Sólo los muy viejos nos acordamos de aquellos hechos.

Se acabó la siega, el último carro de bálago, que transportaba los haces de trigo a la era, iba coronado, generalmente, por una gavilla, en pie, un "moñaco", que el "artista" de turno (criado o mayoral) montaba con bálago, o en algunos casos, quizá más pretenciosos, una muñeca de la hija del amo.

¿Por qué esta peregrina costumbre? Los labradores de Tierra de Campos lo hacían por costumbre tradicional. Y yo durante muchos años me preguntaba cuál sería la causa.

Y un día...Leyendo temas y aspectos de la cultura etnográfica oriental llegué a saber que cada parcela de sembradura tenía un diocesillo protector. Ocupaba todo el campo. Cuando comenzaba la siega, la deidad se iba retirando ante el avance de la hoz, finalmente quedaba confinado en la última gavilla que el agricultor, más o menos rústica o artísticamente atada, ponía en la cúspide de los haces del último carro de la recolectada mies.

Durante siglos la creencia siguió viviendo en los pagos, por eso era pagana; pero ya no tenía sentido religioso y de exaltación jocunda del fin de la cosecha: Era, simplemente, una tradición, y como tal, recuerdo ignoto del pasado que la tecnología ha destronado totalmente. Ya las máquinas recolectoras se llevan a su vientre inhumano al diosecillo. Ya no lo llevan en alto orgullosos de su protección o de su recuerdo.

Pedro Alvarez me ha suscitado con su párrafo este recuerdo que es, para mí, el mejor elogio. Con su alusión ha perpetuado una ancestral, antigua, tradicional y pagana costumbre, que constituía una parte del alma de nuestros pueblos y padres.

Nobleza obliga y me fuerza a recordar con placer a la doctora Anabel Almendral que ha sacrificado su vida investigadora para que toda la obra del novelista de Villalba de la Lampreana –verdadero archivo de lengua y tradición– volviera a ser leído. Para mí, releído.

Mientras se publica el libro "Los Chachos" sueño en momentos, para mí, y para los de mi generación, ahora releídos.

Solían los quintos cada año plantar el mayo. A la plaza del pueblo traían un árbol que plantaban en medio de la plaza. " ...escupió las manos carpiñas, como para encaramarse en la viga (engrasada como cucaña) al mayo que ponen los quintos en la plaza". (Recreo XVII)

Somos tan ignorantes porque hacemos caso omiso de nuestra vieja cultura, ya que estoy por apostar todos los "santos" que tenía a mis siete años para jugar a la tángana, a que muy escasos saben de la significación de este árbol cuya renovación realizaban anualmente los quintos. Este árbol era despojado de casi todas sus ramas, solamente dejaban la copa que era adornada con cintas, objetos y alimentos más o menos perecederos.

Desde siempre los árboles han tenido culto, e incluso el bosque ha sido un santuario; porque el árbol es la morada del espíritu arbóreo y lógicamente enmascara su alma.

Por otro lado la tierra es el espíritu femenino y el sol el masculino; los árboles otorgan la lluvia y ésta la fertilidad. Dolámonos: el fuego en Galicia destruyó el bosque, el agua destrozó la tierra, el mar y la playa. Aunque también la destrucción del bosque da lugar a la escasez de lluvias; por eso en algunos países europeos se celebra "Jorgito el Verde", incluso arrojándole al agua para que se produzcan abundantes lluvias y consiguientemente la fertilidad de la tierra y aún de las mujeres.

Solía ser el primero de mayo –si no recuerdo mal– aunque en otros países era el 23 de abril, San Jorge. Y aún tengo en mi mente de la época infantil la gratísima sorpresa del primer día del mes en que (en mi pueblo, Algodre) se celebrara la fiesta de su Patrona: la Virgen de Belén.

Ya no hay ejército obligatorio ahora yá no hay quintos. Supongo que ya no hay árbol de Mayo. La vieja, natural y pagana cultura va desapareciendo. La era tecnológica va destruyendo los recuerdos de la ancestral cultura. ¿Quién entenderá - esa frase de Pedro Alvarez que la zamoranísima doctora Almendral se ha empeñado –durante diez años de investigación–, en poner en nuestras manos?

No queda aquí... porque se dice...

Afirma Plutarco que se encontrarán pueblos sin gobiernos, sin edificios, sin matrimonio, ni familia pero nunca, sin Dios. Porque la divinidad sin duda ninguna hace mejores a los hombres, regula las hoscas sociedades. Hace solidarios a unos y otros y les civiliza. Por eso todos los pueblos tienen su religión y con ella sus oraciones.

En ellas pedimos amamos los unos a los otros, rogamos por nuestros rivales; no se nos permite robar, mentir, acosar la mujer ajena, pero sí procrear los hijos responsablemente que puedas alimentar y educar. Pocos de estos principios dejan de ser absolutamente de ley natural, pero muchos están matizados por la fe: de cualquier tipo, y a veces coinciden en todo con el Cristianismo: base esencial de nuestra lengua, arte y cultura. A cualquier lugar que miremos desde el Alto de los Curas a la Catedral, siguiendo la línea de Santa Clara y la Rúa de los Notarios veremos Santiago el Burgo, San Juan de Puerta Nueva, San Cipriano, La Magdalena, San Ildefonso y la Catedral.

Mentalmente o en voz alta llamamos en nuestro auxilio al Señor: otros a través de los brujos, monjes, alfaquíes o sacerdotes, porque todos rezamos. Y junto a las oraciones canónicas utilizamos las apócrifas o no aceptadas universalmente y con frecuencia supersticiosas.

Aquellas oraciones que rezaba el ciego amo de Lazarillo de Tornes, aquellas oraciones que piden a San Pancracio el Premio de la Lotería, o aquellas a Santa Rita para no suspender, a Santa Polonia para que no nos duelan las muelas. ¡Cuántas copió Cirac Estupiñán en los procesos inquisitoriales de Cuenca! ¡Cuántas hemos leído en la Literatura ''El Buscón" de Quevedo (S. XVII) o "El mundo es ancho y ajeno" de Ciro Alegría (S. XX) nos recuerdan la del "Justo Juez" que yo hallé ya en textos de principios del S. XVI.

Pues bien, Pedro Alvarez en "Los Chachos" nos recuerda ésta:

"Jueves Santo, Jueves Santo. Tres días antes de Pascua, cuando el Redentor del Mundo a sus discípulos llama. Los llamaba de uno en uno; dos a dos se le juntaban, menos San Juan Bautista, que predicó en las montañas".

Predicó:

No moriréis por mi Dios o mi muerte no será nada. El que esta oración dijere todo los jueves del año, sacará un ánima de pena y la suya de pecado; la de su padre y su madre y la suya en general, aunque tenga más pecados que eremitas lleva el mar. El que la sabe y no la dice, el que la oye y no la "desprende", verá, ¡verás el día del Juicio, verás lo que le contiene!

Dos observaciones: La primera la fuerte raigambre familiar. cuando al anochecer se rezaba el Rosario siempre había una petición especial por los abuelos, juntamente con las Animas benditas del Purgatorio. La segunda. van desapareciendo afortunadamente, este tipo de oraciones populares. La razón porque nos vamos haciendo laicos.

Gracias, don Albino, porque me enseñaste a rezar por amigos y enemigos, incluso políticos –con lo que me cuesta pero aún así…calaron demasiado hondo sus recomendaciones, incluso la de abandonar la política.

Gracias, doctora Almendral, por traer este aire fresco y arcaico de un novelista zamorano a mi memoria con la reedición, que se dice, de "Los Chachos".