Jose Fradejas Lebrero. Cat Lengua y Literatura UNEDEl día 20 de febrero de 2007 José Fradejas continúa en la Opinión de Zamora con su primer artículo sobre la publicación de Los Chachos, de Pedro Alvarez. Tras una nutrida batería de comparaciones con otras obras importantes de nuesta literatura. Tras agradecer el esfuerzo de la Doctora Almendral en la recopilación de la obra, finaliza mostrando su desilución porque todos los años empleados en recuperar esta obra no culminen con la publicación completa de la misma, y anuncia su baja en el IEZ Florian de Ocampo por este motivo.

Su artículo dice así:


Se dice (y II)
José Fradejas
Cuando lo que apenas existía, la radio de galena; cuando las lecturas familiares -en la cocina invernal- eran las novelas folletinescas que el repartidor, en su bicicleta, traía semanalmente; de repente en la tertulia surgía el primer cuento. ¡Cuántos oí que perviven en mi memoria!
En "Los Chachos", fundados sobre un cuento que ya habían recogido en 1812 los hermanos Grimm en Alemania: "Los niños que jugaron a la matanza". Pero ha sido despojado, en el transcurso de los siglos XVI al XX, de toda la brutal crudeza que les lleva al "clímax de horrores" que se reproducía en la segunda versión por ellos recogida.
Pero en Pedro Alvarez, la transmisión ha dado un tinte amable a la secular repetición hispánica. "Los Chachos" de Quebrantatinajas juegan a ser mayores. La delicia de la matanza, del mondongo; porque hacer el mondongo era asegurar la comida de todo el año. Y en él todo era una fiesta. Los niños se han procurado una víctima, un perrito ahogado en una laguna, con el que practican -especializándose cada uno- la imitación. Si algo se le puede reprochar es la "asquerosa suciedad", pero no podemos olvidar que por aquellas fechas (1942) Camilo J. Cela destripa una mula en "La Familia de Pascual Duarte", lo que aquí es bestialidad en "Los Chachos" es simplemente inocente asquerosidad.
Pero si este es el cuento mayor, abundan cuentos en el desarrollo novelístico: Alí Babá y los 40 ladrones (Recreo VI), el del loco sevillano que hincha el perro (Recreo VIII), la alusión a Caperucita, Los músicos de Bremen, la Ratita presumida... (Recreo XII), el del muerto que pide la asadura al que se la robó (Recreo XIV), la piedad de las golondrinas que quitaron las espinas a Jesús en la Cruz (Recreo XVIII y XIX) que recuerdo en mis Evangelios apócrifos (cap. 16).
Se me viene a las mientes los Campesinos de "La memoria de la tierra", del matrimonio Carvajal-Suárez que ha editado el Museo Etnográfico, de Castilla-León en 2006; fotografías que son memoria viva de saber popular, que en salones o noches invernizas traían a la presencia colectiva, para que se grabara en las mentes infantiles, porque una y otra vez repetidas sonarían de nuevo en la vejez de aquellos "chachos". Pero van desapareciendo esas viejas y viejos, y esa tertulia según las estaciones; y se perderán indefectiblemente los recuerdos de las huellas de nuestros antepasados.
No es el menor de los méritos de la doctora Almendral el poner en nuestras manos esta recién nacida edición de "Los Chachos". Con ella no solo recuperamos a Pedro Alvarez, no solo a una parte de su obra y su lengua, sino también la memoria histórica del ser de nuestro pueblo.
Díganlo si no los romances que también nos aguardan a la vuelta de la página: Dos curiosos y de tipo religioso: el "Romance de Amnon y Tamar" (Recreo XIV) y el basado en los evangelios apócrifos: "San José, Nuestra Señora/ caminaban para Egipto,/ y en medio del camino/ pidió de beber el Niño", sed que satisface con una fuente manantial, con unos dátiles frescos, con unas cerezas o con los naranjos de cuyo naranjal cuida el ciego. Tantas veces oído en la canturia femenina. Y obsérvese: otra vez el matiz religioso que la Constitución de Europa niega a la cultura de sus pueblos.
¡Buen Maritain, buen Maritain! ¡Si levantaras la cabeza!
Se cantaban los romances y había canciones de corro más o menos inocentes o inconvenientes (Recreo VI); había nombres y motes que constituían el apellido familiar: la Pandorga, Chapas, la Baldosa... (Recreo I); la moneda infantil: chinarros o cascajo del arroyo (Recreo XIII) y cómo no, astutas ciencias y maneras de librarse de la palmeta del maestro: untando de ajo la palma de la mano (Recreo XVII).
Pero junto al mundo infantil aspectos sociales curiosos son exaltación de las hazañas gloriosas de los hispanos como: una historia completa de Hernán Cortés que empieza en las estampas colocadas en la habitación del "Penetras" mayor y termina en el cuartucho de la criada, pasando por la alcoba del Profundo pequeño (Recreo XI).
Dos aspectos deliciosos que me encantan porque ya han desaparecido y esta edición de "Los Chachos" que la doctora Almendral ha hecho con un esfuerzo ímprobo al recopilar y promover la edición de toda la obra de Pedro Alvarez, novelas, cuentos y ensayos, porque "Del vivir humilde" no se puede ignorar.
Dos aspectos que la obra nos hace aflorar; el asno (Recreo IX) aquella bestia humilde e infatigable que durante siglos ha sido la más eficaz ayuda del campesino español. Bien merece, por méritos propios, el que sea denominado hermano asno. No aquella bestia falseada y compartida por el destructivo Ilya Ehrenburg, sino aquel pobre animal, que ramoneaba por los prados, y, alguna vez, en los arrabales -sublime placer- rápidamente impedido por el guarda feroz, quien, a la vez, cargaba y se paseaba en asno.
Otro aspecto más, el modesto carro que no todos tenían, pero había carreteros que soñaban con algo más trascendente. Y con ingenuidad popular pintaban los intersticios exteriores de las teleras del "sojao". Aquel arte primitivo, naturalista o fantasioso, en colores brillantes, ponían su grito luminoso en los caminos con "golpes" (baches) que hacían crujir todas las junturas. Pero eran a la vez -aquellas estampas o viñetas- un signo más de poder que de sentido estético. En la distancia temporal los he visto en pequeños recuerdos artísticos de pueblos menos desarrollados.
Pero hoy han desaparecido, no solo por mor de que las llantas de hierro destrozan el asfalto sino más porque faltan bestias de carga que impriman rapidez de transporte.
¿No verán los lectores la añoranza del tiempo ido? Pedro Alvarez la presentía y le dolía en el alma. Era un nieto del 98; ni quejumbroso ni mal humorado, veía, soñaba, escribía y rezaba.
Rezaba en las minervas. Hoy si alguien se acuerda de las minervas, son los viejos cajistas de las arcaicas imprentas. Pero no de la estupenda denominación paganísima de llamar "minervas" a las procesiones que cada tercer domingo de mes se celebran en algunas iglesias de por aquí... (Recuerdo XIV).
Nos da su origen P. Alvarez en las cofradías como esta aparecida en 1592, de la cual solo conozco el "Libro de la Cofradía de la Minerva" (con 250 milagros del Santísimo Sacramento del Altar) Valencia, 1600.
Conservación venerable que surgió en el antiguo templo de Minerva convertido en la Iglesia romana donde surgió esa intensa devoción a Jesús Sacramentado. Hoy... También ha desaparecido.
Recuerdos, recuerdos... Gracias doctora Almendral por hacerme soñar. Yo ya he perdido el anhelo de medio siglo, he intentado que la Obra, con mayúsculas, completa de Pedro Alvarez no se pierda como
se ha perdido -para todos mis lectores- la de sanabrés Centeno: que tiene su casa de escritor en un pueblecillo.
Me siento feliz porque esta novela se publique, pero me siento defraudado y cansado: para tantos años de lucha; para mi labor en el IEZ Florián de Ocampo es parca cosecha. Parecen imposibles unas "Obras Completas" de Pedro Alvarez. Quizá otros en el futuro... Renuncio. Comunico hoy al señor presidente que me dé de baja. ¡Paciencia!