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Tersilio, con niños de nuestra provincia, impartiendo un seminario sobre aperos y actividades de labranza y otros oficios, en el Centro de Interpretación de las Lagunas de Villafáfila, en su primera exposición en dicho centro, que llevaba por título AMOR A LO NUESTRO .

 

Memoria viva (y archivada)

Tersilio Peña, vecino de Villalba de la Lampreana, ha reunido desde el año 2000 más de 160 piezas de uso cotidiano durante la primera mitad del siglo XX y ha elaborado miniaturas de los aperos

Tersilio Peña Alonso sostiene el libro que explica las características de las piezas de su museo particular

N. S. Villalba de la Lampreana.- Abre las puertas de la panera con la ilusión de quien muestra un tesoro. Y no es para menos, puesto que Tersilio Peña ha reunido en su museo 161 piezas que se utilizaban en los quehaceres cotidianos durante la primera mitad del siglo pasado en Villalba y en Tierra de Campos para que las generaciones futuras conozcan la manera de vivir y trabajar de antaño.

La idea, confiesa Peña, surgió en el 2000 de manera espontánea. «Cuando me jubilé restauré el carro de mi suegro y poco a poco....». Tras poner a punto el transporte de 1933,el arado y los aperos propiedad de la familia, progresivamente, comenzó a contar con elementos cedidos por amistades y por su yerno Daniel García.

Los distintos oficios que Tersilio Peña ha desempeñado en su vida laboral- es hijo de herrero, labrador un lustro, cerrajero y finalmente técnico de televisión durante 30 años- le ayudaron en la tarea de devolver a algunos útiles el aspecto original.

Un buen día cuando ya había conseguido juntar una cifra elevada «decidí clasificarlos y numerarlos». Así, el viaje en el tiempo a través de "Amor a lo nuestro" - nombre con el que ha bautizado su colección- comienza con la cocina antigua con sus potas, cacerolas, la botija... y la popular cocina económica. A continuación, Tersilio ha situado el alumbrado de aceite, petroleo o carburo, sin pasar por alto el llavero, llaves y ejemplos de cerraduras: «cada una tenía su secreto», comenta.

Un tocador, con un bote de talco de la época en su interior, y elementos tan cotidianos como los "chancos", para transitar por las calles, los leguis, para proteger los pantalones al montar, el brasero de cisco con su pala, el torno para hacer el pan y el sello para identificar la producción- como el de "Patrocinio Rodríguez de 1918"- forman parte de la colección al igual que mesillas de esos años, la maleta que los mozos llevaban a la mili o incluso un reloj de los pobres: «un despertador que contrastaba con el reloj de carrillón de los ricos, mientras que los obreros sabían la hora por el sol y las estrellas», apunta Tersilio Peña.

A los utensilios de las labores caseras se unen herramientas de carpintería «que todavía a veces empleo», concreta el promotor de la iniciativa, estribos de múltiples tamaño y adoberas como las empleaban en las Lagunas.

La ochava, la hemina y el cuartal, aperos para envasar el grano, comparten protagonismo con las romanas y los pesos a la par que con múltiples cencerros que en su tiempo avisaron del movimiento de ovejas o bueyes.

El museo dispone de ejemplos de tornaderas, de yugos de Tierra de Campos y del valle de Valverde, de trillos.... y hasta 161 componentes que disponen de una chapa identificativa que permite al visitante conocer el nombre de la pieza en Tierra de Campos y el uso que tenía en su tiempo, gracias a que Tersilio Peña ha registrado en un libro los detalles de cada apero. Así, en el texto de la pieza que inaugura la colección Peña escribe: «Se trata de un carro de varas para una sola caballería construido en 1933. Mandado hacer con Diego Alvarez, el confitero de Manganeses, a Anacleto Rodríguez para repartir los dulces por los pueblos cercanos. Se lo vendió a Feliciano Turiño, (..).

Los arreos del carro no son los originales, sino otros aportados que también han sido restaurados (...)».

Pero la labor de Tersilio es mucho más amplia. Una vez que tenía organizado el museo , por el que ha pasado hasta un grupo de lituano con motivo de la última Europeade, este jubilado quiso rendir un homenaje a su padre que fue herrero. Por ello, recreó a pequeño tamaño una fragua con el fuego y una taladradora que funcionan gracias a mecanismos instalados por el autor e incluso tres hombres, golpeando el hierro uno de ellos. La meticulosa tarea de reproducir los elementos a una ínfima dimensión ha supuesto «darle vueltas e incluso repetir alguna pieza», confiesa Peña.

En pocos meses las manos de Peña han producido aperos de labranza: desde el arado, el cubresemillas, el carro, hasta una aventadora. «Una vez que empecé tenía que continuar», apunta el autor que, con una gran paciencia, ha confeccionado una cocina castellana que preside un matrimonio y en la que no falta ningún detalle. A ello se une la réplica de la habitación de la época con sus baúles, su colchón y la estructura de hierro que se dobla «como las originales porque la gente entonces emigraba», apunta el creador de las piezas que confiesa su predilección por las miniaturas que ahora se pueden contemplar en la Casa del Parque de Villafáfila.

La pasión que siente Tersilio por preservar los aperos que las nuevas generaciones prosigue y todos los días este hombre pasa horas y horas en su taller mejorando las piezas, confeccionado más miniatura... una tarea que no cesa.

La primera miniatura, la fragua

Peña quiso homenajear a su padre, herrero, e hizo una fragua en miniatura que tiene tres figuras elaboradas por él. La cabeza es de un muñeco y el cuerpo de alambre.

El hogar, centro de la cocina

La réplica de la cocina cuenta con una chimenea rodeada por múltiples elementos de la dependencia y una pareja ataviada como en la época.

Yunta de vacas "a la española"

Ante la dificultad para hallar animales que llevaran el carro, Tersilio compró una vacas indias cuya cornamenta adaptó a las características de los bovinos de la zona.