Blas Leal, José Luis Bermúdez y Miguel Gamazo.  Foto David Rodríguez Finalmente, y aunque ya se pudo comprar la novela durante la feria del libro, se ha presentado a la sociedad zamorana una nueva reedición de la que fuera la mejor novela de nuestro paisano, homenajeado el pasado año, Pedro Alvarez Gómez.

En esta reedición el Instituto de Estudios Zamoranos Florian de Ocampo ha cuidado todos los detalles, incluso el dibujo de la portada es el de la edición original.

La acción trascurre en tierras que muchos seguramente reconcereis y describe lo duro de aquellos años de máxima pobreza que siguieron a la confrontación nacional


El pedriódico La Opinion de Zamora lo presenta así:

El «Florián de Ocampo» reedita la novela «Nasa», de Pedro Álvarez

La presente edición cuenta en la portada con el dibujo del libro publicado en 1942 por la Editora Nacional

N. S. La novela «Nasa», escrita por Pedro Álvarez Gómez, supone la última apuesta del Instituto de Estudios Zamoranos «Florián de Ocampo» por dar a conocer la memoria del autor terracampino, nacido en 1909.

Tras publicar «Los chachos», el IEZ refrenda su compromiso de divulgación de la producción narrativa del periodista y literato. «Se trata de la mejor novela de Álvarez Gómez», explicó el diputado de Cultura, José Luis Bermúdez que apuntó que el texto es coetáneo a «La familia de Pascual Duarte», de Cela, y «Nada», de Carmen Laforet.

La novela es «costumbrista, de actos ordinarios», pero «la trama y el léxico utilizado la hacen muy compleja y extraordinaria», apuntó el secretario del «Florián», Blas Leal, que agregó: «emplea muchos localismo vinculados a Tierra de Campos.

«Nasa», que cuenta con una tirada de 500 ejemplares, cuenta en la portada con el dibujo de Teodoro Delgado realizó para la primera publicación, gracias a la reciente adquisición por el IEZ de un volumen del año 1942 editado por la Editora Nacional. Pedro Álvarez combinó su labor como director de periódicos con su producción de cuentos y novelas, tras estudiar en el colegio de San Lucas, cuyos recuerdos le sirvieron para escribir «Los colegiales de San Marcos», y cursar Derecho y opositar al Estado.